Hecatónquiros

No debe ser sorpresa esta iniquidad del hombre
si de los dioses somos títeres y reflejo.

Si desde el génesis de su eterno espejo,
les urdimos, les imitamos, y clamamos sus nombres.

No es fortuita esta ojeriza de padre contra hijo
si griegos manuscritos mencionan el nombre
de un dios que engendra y teme, cual hombre,
tres vástagos monstruosos, de rostro y brazos, prolijo.

Briareo, Giges, y Coto, hijos malditos de Urano,
los Hecatónquiros, así los perpetuó la mitología
y los destinan al Tártaro, su padre y su hermano.

Cien brazos y cincuenta cabezas, son ahora simbología
de la titánica guerra del hombre inculto y vano
en el infierno que, cual dioses, su ego forja día a día.

Por:


Edgar Smith
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